miércoles, 14 de abril de 2010
miércoles, 24 de marzo de 2010
Estar sometido, ser soberano
La desnudez corporal muestra la imposibilidad de huir: eso que realmente somos. No es, pues, una vergüenza simple y ordinaria la de la desnudez porque en ella se cifra nuestra intimidad última. Somos cuerpo: desnudez. Pero ella sólo se devela en la misma medida en la que nos convertimos en otro y la observamos o cuando el otro la contempla y penetra en ella. Estamos sometidos al desnudo, pero podemos canjear la vergüenza por la soberanía: allí donde, dueños del cuerpo, es grato contemplar la más profunda intimidad. Y quizá en ello sea posible, asequible un concepto del ser, no "el ser para la muerte", sino el ser vuelto cuerpo.
miércoles, 10 de febrero de 2010
Apuntes (comenzar, escribir, el origen)
Comenzar a escribir implica terminar de escribir. ¿Por qué comenzar a escribir es tan complejo? El cuerpo delante de la máquina trata de escribir pero no puede. Escribir es un acto muy semejante al deseo. Deseo lo que nunca puedo alcanzar, aquello que nunca será completamente asequible. Imposible desear e imposible escribir. Imposible, a su vez, dejar de escribir, dejar de desear.
Comenzar siempre implica un combate. El combate de las nuevas cosas, de volver a poner todo en orden. Los principios son angustiosos, pero si no comenzara todo de nuevo, todo se encontraría sumergido en esa atmósfera repetitiva y aburrida de las costumbres. Estar situados delante del comienzo, una vez y otra, hace de las situaciones un espacio dinámico: un viaje.
Leer implica volver a comenzar; un nuevo combate. En él, estoy delante del libro, a punto de escribir el libro. Me sitúo en el origen.
Mi origen no puede ser más que todos los orígenes. Desde mi origen me sitúo en todos los orígenes. De la misma forma, situarse en una lengua determinada, implica posicionarse en todas las lenguas. También el enfrentamiento con la lengua implica un combate, quizá en ello se cifra la extrañeza que nos produce comunicar a través de la escritura que no echa en falta, sin duda, esos retazos del habla habitual.
Comenzar siempre implica un combate. El combate de las nuevas cosas, de volver a poner todo en orden. Los principios son angustiosos, pero si no comenzara todo de nuevo, todo se encontraría sumergido en esa atmósfera repetitiva y aburrida de las costumbres. Estar situados delante del comienzo, una vez y otra, hace de las situaciones un espacio dinámico: un viaje.
Leer implica volver a comenzar; un nuevo combate. En él, estoy delante del libro, a punto de escribir el libro. Me sitúo en el origen.
Mi origen no puede ser más que todos los orígenes. Desde mi origen me sitúo en todos los orígenes. De la misma forma, situarse en una lengua determinada, implica posicionarse en todas las lenguas. También el enfrentamiento con la lengua implica un combate, quizá en ello se cifra la extrañeza que nos produce comunicar a través de la escritura que no echa en falta, sin duda, esos retazos del habla habitual.
sábado, 5 de diciembre de 2009
Temblores
a. Se recomienda que cuando un pensamiento obsesivo reclama nuestra atención, éste no debe abandonarse.
Hay que sumergirse en el pensamiento, una vez, otra. Estar enteramente en ese pensamiento. pensarlo hasta agotarlo, repitiéndolo una y otra vez, con todas y cada una de sus infinitas variantes.
(Últimamente me obsesiona una pequeña situación: por qué la persona F abordó un taxi de una manera rápida, extraña y no se despidió de mí. He desplegado todas las posibilidades, las variantes de la situación, lo más ínfimo en torno a ese minúsculo evento de corte insignificante. He imaginado, además, múltiples situaciones paralelas donde la persona F no aborda el taxi de esa manera tan..., brusca. Me encantaría observar en cámara lenta los recorridos precisos de la sangre de un cuerpo que instantáneamente toma una decisión. He revisado, con suma minuciosidad, todos aquellos pequeños actos en los cuales tomo una decisión apresurada, radical, inesperada. Quiero saber cuáles son los mecanismos que operan en esas irreflexivas situaciones, cuando se decide algo imprevisto. Asimismo, observé -con el mismo propósito- una colonia de hormigas. Destruí intencionalmente su camino y observé con sorpresa que la destrucción de su propio rastro, las desorienta de una manera fulminante. Sin embargo, advertí que los seres humanos, cuando tomamos un sendero completamente opuesto al trazado, en realidad, parecemos resguardarnos de cierto peligro.)
b. PELIGRO. Para RF los actos irreflexivos, que psicológicamente y de ordinario llamamos "impulsos", no son irreflexivos ni carecen de intención. Todo impulso, dice RF, tiene una razón de ser. ¿No existen los impulsos a secas? ¿NO EXISTEN? ¿No es la razón tratando de explicar justamente, el impulso, de dónde proviene, cuáles son sus consecuencias y sus consabidas causas? RF dijo: NO. NO EXISTEN. Y yo, pues claro, ahora me veo condenada a estar revisando con atención todos esos pequeños actos irreflexivos, pero que ahora, van cobrando un inesperado sentido y una singular lectura.
Hay que sumergirse en el pensamiento, una vez, otra. Estar enteramente en ese pensamiento. pensarlo hasta agotarlo, repitiéndolo una y otra vez, con todas y cada una de sus infinitas variantes.
(Últimamente me obsesiona una pequeña situación: por qué la persona F abordó un taxi de una manera rápida, extraña y no se despidió de mí. He desplegado todas las posibilidades, las variantes de la situación, lo más ínfimo en torno a ese minúsculo evento de corte insignificante. He imaginado, además, múltiples situaciones paralelas donde la persona F no aborda el taxi de esa manera tan..., brusca. Me encantaría observar en cámara lenta los recorridos precisos de la sangre de un cuerpo que instantáneamente toma una decisión. He revisado, con suma minuciosidad, todos aquellos pequeños actos en los cuales tomo una decisión apresurada, radical, inesperada. Quiero saber cuáles son los mecanismos que operan en esas irreflexivas situaciones, cuando se decide algo imprevisto. Asimismo, observé -con el mismo propósito- una colonia de hormigas. Destruí intencionalmente su camino y observé con sorpresa que la destrucción de su propio rastro, las desorienta de una manera fulminante. Sin embargo, advertí que los seres humanos, cuando tomamos un sendero completamente opuesto al trazado, en realidad, parecemos resguardarnos de cierto peligro.)
b. PELIGRO. Para RF los actos irreflexivos, que psicológicamente y de ordinario llamamos "impulsos", no son irreflexivos ni carecen de intención. Todo impulso, dice RF, tiene una razón de ser. ¿No existen los impulsos a secas? ¿NO EXISTEN? ¿No es la razón tratando de explicar justamente, el impulso, de dónde proviene, cuáles son sus consecuencias y sus consabidas causas? RF dijo: NO. NO EXISTEN. Y yo, pues claro, ahora me veo condenada a estar revisando con atención todos esos pequeños actos irreflexivos, pero que ahora, van cobrando un inesperado sentido y una singular lectura.
domingo, 18 de octubre de 2009
Tiempo
¿Qué clase de operación psíquica rige la vida del hombre cuando está sujeto a cambios? Los cambios son aquello que nos da la impresión de estar en un tiempo dinámico y múltiple. Sin los cambios, perecemos sumidos en la desesperante rutina que rige los días. Siempre es más cómodo aceptar el orden de las circunstancias con una heroica capacidad de adaptación. Estamos aquí, un poco dormidos, mirando el transcurrir sin afectarlo con el pensamiento. Los que decidimos pensar en el tiempo tenemos la batalla perdida, es posible que nuestras vidas sean un poco más tristes que aquellos que deciden no abandonarse a ese pensamiento. Puedo decir que desde hace tres años, el problema del tiempo es lo único que me preocupa. Lo he pensado, sobre todo, en relación con el arte. La cuestión es simple: el pensamiento del tiempo angustia porque nos recuerda en automático nuestra finitud. Entonces, personalmente, me he dedicado a pensar contra el tiempo. Mi pensamiento no es una rebelión. Es únicamente una búsqueda: pensar contra la sucesión quiere decir que no me resulta de todo lógica la forma en la que la sucesión ordena, regula y configura, sobre todo, la historia. La forma de relatar la historia y la manera en la que yo, como individuo y sujeto, me inserto en ella, me parece muy sospechosa porque he tenido otras experiencias en las que he podido percibir una ruptura del tiempo cronológico. Esas experiencias son muy concretas, en particular citaré una: una tarde en la que estaba fuera del país y miraba una escultura por la que tengo una inusitada afición. En aquel momento todo lo que pensaba sobre el tiempo se desmoronó y comprendí aquello que había leído en ciertos textos. Recordé también que esa sensación la había tenido en otras ocasiones: una vez al contemplar un río, otra, mirando los ojos de alguien que amé. También se había suscitado al contemplar ese recorrido del poeta en un estanque vacío y con una vela encendida en Nostalgia de Tarkovski. ¿Cuál era la sensación? La impresión de que todo quedaba reducido a un sólo instante y que en ese instante estaba lo absoluto, lo eterno y yo, por fin, era toda historia, todo hombre, todo gesto, toda paradoja, todo cambio y toda discontinuidad. Es extraño asir, a través de la experiencia, la contradicción del pensamiento, porque es posible que siempre la experiencia contradiga al pensamiento. Y, sin embargo, ha sido posible su eterna convivencia en el ser de Occidente.
Pese a que en este fragmento reduzco la problemática que me ocupa a someras observaciones, alcanzo a intuir ya lo que estos pensamientos me revelan, y ello es, justamente, que no se ha agotado ni su pensamiento ni su experiencia. Ambos sujetos a los cambios que mi propia reflexión vaya compendiando conforme aglutine saberes. Es todo. Mi tiempo no está agotado, sino sujeto a sus propios cambios.
Pese a que en este fragmento reduzco la problemática que me ocupa a someras observaciones, alcanzo a intuir ya lo que estos pensamientos me revelan, y ello es, justamente, que no se ha agotado ni su pensamiento ni su experiencia. Ambos sujetos a los cambios que mi propia reflexión vaya compendiando conforme aglutine saberes. Es todo. Mi tiempo no está agotado, sino sujeto a sus propios cambios.
sábado, 29 de agosto de 2009
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