miércoles, 6 de agosto de 2008

Diez máximas

1. "Los jóvenes escritores que, hablando de un joven colega, con un acento en que se mezcla la envidia dicen: "¡Es un buen comienzo, ha tenido una gran suerte!", no reflexionan que todo comienzo ha ido precedido siempre y que es efecto de otros veinte comienzos que no conocieron."
2. "Si tienen ustedes mala suerte es porque les falta algo, y ese algo, conózcanlo, y estudien el juego de las voluntades vecinas, para desplazar más fácilmente la circunferencia."
3. "La cuestión no es saber si la literatura del corazón o de la forma es superior a la que está en boga. Esto es demasiado cierto, al menos para mí. Pero eso será cierto sólo a medias mientras no pongan ustedes en el género en que se van a instalar tanto talento como Eugène Sue en el suyo. Despierten tanto interés como él, con medios nuevos; posean una fuerza igual o superior en sentido contrario; dupliquen, tripliquen, cuadrupliquen la dosis hasta llegar a una concentración igual, y ya no tendrán el derecho de maldecir al burgués, pues el burgués estará con ustedes. Hasta allí, ¡vae victis!, pues nada es cierto más que la fuerza, que es la justificación suprema.
4. "Resumo todo lo que yo podría escribir sobre este tema en esta máxima suprema que entrego a la meditación de todos los filósofos, de todos los historiadores y de todos los hombres de negocios: ¡Sólo por los bellos sentimientos se llega a la fortuna!"
5. "En efecto, el odio es un licor precioso, un veneno más caro que los de Borgia, ¡pues está hecho con nuestra sangre, nuestra salud, nuestro sueño y los dos tercios de nuestro amor! ¡Hay que ser avaros con él!"
6. "La crítica feroz sólo se debe practicar contra los agentes del error. Si es usted fuerte, se perderá si se atasca a un hombre fuerte: aunque disientan en algunos puntos, siempre será uno de su grupo en ciertas ocasiones. Hay dos métodos de crítica feroz: por la línea curva y por la línea recta, que es camino más corto."
7. "Una crítica feroz pero fallida es un accidente deplorable; es una flecha que vuelve al punto de partida, o que al menos raspa la mano al partir; una bala cuyo rebote puede matarnos." (Por eso deberíamos aprender a escuchar antes de abrir la boca y soltar los zarpazos. También habría que decir: SI NO ME GUSTA UN LIBRO, NO HABLO DE ÉL Y PUNTO.)
8. "Para escribir de prisa, hay que haber pensado mucho; hay que haber llevado consigo un tema, al paseo, al baño, al restaurante y, casi diría yo, a casa de la amante."
9. "La orgía ha dejado de ser la hermana de la inspiración: hemos anulado este parentesco adúltero. La rápida enervación y la debilidad de algunas bellas naturalezas son testimonio suficiente contra ese odioso prejuicio. Un alimento sustancioso pero regular es lo único que necesitan los escritores fecundos. La inspiración es, decididamente, hermana del trabajo cotidiano. Esos dos opuestos no se excluyen, como no se excluyen todos los opuestos que constituyen la naturaleza. La inspiración obedece, como el hambre, como la digestión, como el sueño. Sin duda hay en el espíritu una especie de mecánica celeste, de la que no hay que avergonzarse, sino sacarle el partido más glorioso, como lo hacen los médicos con la mecánica del cuerpo. Si se quiere vivir en una contemplación empecinada de la obra de mañana, el trabajo cotidiano servirá a la inspiracion, así como una escritura legible sirve para aclarar el pensamiento, y cómo el pensamiento calmado y poderoso sirve para escribir legiblemente; pues ha pasado el tiempo de las malas escrituras."
10. "Si quiero observar la ley de los contrastes, que gobierna el orden moral y el orden físico, me veo obligado a poner entre la clase de las mujeres peligrosas para los hombres de letras a la mujer honesta, a la literata y a la actriz; la mujer honesta, porque pertenece necesariamente a dos hombres y es un alimento mediocre para el alma despótica de un poeta; la literata, porque es un hombre fallido; la actriz, porque se ha frotado con la literatura y habla argot; en resumen, porque no es una mujer en toda la acepción de la palabra, ya que el público es, para ella, más apreciado que el amor. ¿Pueden figurarse ustedes a un poeta enamorado de su mujer y obligado a verla actuar disfrazada? Me parece que debería prender fuego al teatro. ¿Pueden ustedes imaginárselo obligado a escribir un papel para su esposa, que no tiene talento? ¿Y a aquel otro, sudando para transmitir mediante epigramas al público de las primeras filas los dolores que ese público le ha causado en el ser más querido... ese ser que los orientales encerraban bajo llave, antes de que vinieran a estudiar derecho a París? Justamente porque los verdaderos literatos en ciertos momentos sienten horror por la literatura, sólo admito para ellos -almas libres y orgullosas, espíritus fatigados que siempre necesitan reposar su séptimo día- dos clases de mujeres posibles: las prostitutas o las mujeres tontas: el amor o el puchero. Hermanos, ¿tengo que explicarles las razones?"

CHARLES BAUDELAIRE. "Consejos a los jóvenes literatos"

8 comentarios:

Gilmar Ayala dijo...

Gracias, Ingrid, por compartir estas palabras-consejos de Ch. B.

Ingrid Solana dijo...

Gilmar querido! Más bien gracias por leerlas!! Muchos besotes y salud!!

Gilmar Ayala dijo...

Gracias por los besos y por los sanos deseos. También te los deseo...

Rafael Merino Isunza dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rafael Merino Isunza dijo...

Tus máximas me han dejado pensando… No diré más nada hasta que no lo haya digerido.

P.D. Apuntando el tema de las mujeres de los hombres de letras, tristemente tienes plena razón en ello; la ironía viene cuando de esas dos únicas posibilidades que existen se convierten en: una tonta que es prostituta y eso es lo único que queda.

Ingrid Solana dijo...

Mi querido Rafa: Noto un pesimismo en tus palabras. Sólo puntualizo, con respecto a la misoginia de nuestro buen Baudelaire -que me parece altamente graciosa-, aquello del alma "despótica y tiránica" del poeta. Por otro lado, juntarse con alguien que hace lo mismo que uno es un decidido error, jajajajajaj, creo que ya me queda muy claro...
Y, lo anterior, sólo porque el poeta es un déspota insufrible y siente horror por la literatura en sus momentos cumbre..., sólo por eso... besos, querido.

Gilmar Ayala dijo...

Coincido con Ingrid. Por eso, ya no me llevo con ella, jejejejejeje... Abrazo a los dos.

Maria Luna dijo...

¿La mujer literata es un hombre fallido? Será poeta maldito, pero es un maldito onanista. Decía mi abuelita que hay que tomar las cosas de quien vienen...